Una Negra

Agitada por el demonio una negra quiere En una niña triste saborear frutos nuevos Y criminales, debajo de su falda horadada: La glotona ya empieza su faena ladina: En su vientre compara, feliz, los dos pezones Y, tan alto que la mano no lo puede agarrar, Dispara el golpe sordo de sus botinas Como lengua…

La monja y el río

Nunca pude escribir la historia de esa monjita de Pereira que me contó el doctor Uribe. Era sobre una niñita que había quedado huérfana a los dos años, y desde entonces vivía enclaustrada en el convento, sin ver el mundo. Ahora tiene veinte, y estaba enferma, y quizá iba a morir. Al convento sólo podía…

La montaña

El niño empezó a treparse por el corpachón de su padre, que estaba amodorrado en su butaca, en medio de la gran siesta, en medio del gran patio. Al sentirlo, el padre, sin abrir los ojos y sotorriéndose, se puso todo duro para ofrecer al juego del hijo una solidez de montaña. Y el niño…

El hombre sentado en el pasillo

Ella se habría acercado lentamente, habría abierto los labios y, de golpe, habría tomado entera su extremidad suave y lisa. Habría llenado la boca. Es tal el deleite que las lágrimas le invaden los ojos. Veo que nada es tan poderoso como ese deleite sino la prohibición formal de atentar contra él. Ella no puede…

El mujerero

Margarito Estrella huele a tortilla y a queso camembert, a tequila y a vino blanco, a chile y a pimienta verde. Tiene los ojos azules de un triste pasmado, el pelo ensortijado con haces de luz plateada. No cree en nadie; sin embargo es el más generoso amigo y anfitrión. Posee un gusto exquisito y…

Besacalles

Entonces corro hacia la esquina, y si hay verja por alguna parte, apoyo un pie en ella y me pongo una mano en la cintura, acomodando bien la cartera con la otra mano, y así los espero. Cuando pasan frente a mí, aguardo a que me miren con interés para lanzarles la sonrisa. Después de…

Der Traum ein Leben

El diálogo ocurrió en Adrogué. Mi sobrino Miguel, que tendría cinco o seis años, estaba sentado en el suelo, jugando con la gata. Como todas las mañanas, le pregunté: —¿Qué soñaste anoche? Me contestó: —Soñé que me había perdido en un bosque y que al fin encontré una casita de madera. Se abrió la puerta…